Género

Che ¿vos te diste cuenta que sos una mujer?
Parte 1: Una no nace mujer
Es la civilización la que produce esa criatura.

Por Fabiana Tron


Las buenas amigas. Foto: Alice Austen

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Lecturas
Gayle Rubin: "The traffic in women. Notes on the political economy of sex". Toward an Antropology of Women, ed. Rayna Reitre. Nueva York: Monthly Review Press, 1975.

Monique Wittig: The Straight Mind and other Essays, Boston: Beacon, 1992.

13 NOV. 2003. El género es un concepto crucial para las ciencias sociales y es una aportación importantísima del feminismo a la cultura. La noción de género, aunque no lo llamó de esa manera, aparece esbozada por primera vez en 1949 por Simone de Beauvoir en "El Segundo Sexo". En su célebre frase que aparece en el prólogo, afirma:

"Una no nace mujer. Ningún destino biológico, sicológico o económico determina la figura que presenta la hembra humana en la sociedad: es la civilización como un todo la que produce esa criatura, intermedia entre hombre y eunuco, que se describe como femenina".

Creo, sin temor a equivocarme, que esta frase ha constituido el andamiaje sobre el cual se construyó toda la teoría feminista.

Sin embargo, el género esbozado como tal aparece años después y lo utiliza por primera vez la antropóloga feminista norteamericana Gayle Rubin, que lo define como "el conjunto de convenciones mediante las cuales una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana y en la que se satisfacen esas necesidades sexuales transformadas".

Por tanto, a partir del hecho biológico de nuestra composición cromosómica o anatómica se ha levantado una impresionante construcción cultural que, desde el principio de los tiempos, ha distinguido lo masculino de lo femenino. Y lo más importante de esto es que lo ha hecho siempre de una manera jerárquica. Todas las sociedades han convertido la diferencia anatómica en desigualdad social y política.

Rubin dice también que "parte del aprendizaje de los seres humanos en cuanto a su sexualidad no es solo la adscripción a un género u otro, sino también la canalización del deseo sexual exclusivamente hacia miembros del género contrario" . Con lo cual la heterosexualidad aparece no como una de la múltiples formas de expresión de la sexualidad sino como la única alternativa posible.

La mente hetero
Muchas teóricas feministas y sobre todo feministas lesbianas han planteado el tema de la heteronormatividad como esencial para el funcionamiento del patriarcado y han mantenido un debate de décadas acerca de cómo salirse de ella. Voy a pasar por alto este debate; solo me quiero referir a la posición que me ha servido para entender mi vida y para pensar y actuar mi activismo. Esta posición es la que ha desarrollado Monique Wittig a lo largo de una extensa obra, fundamentalmente en "La Mente Hetero" y en "No se nace mujer".

Wittig afirma:

"Si el discurso de los modernos sistemas teóricos ejerce poder sobre nosotras, es porque trabaja con conceptos que nos tocan muy de cerca. Pese al surgimiento histórico del movimiento de lesbianas, del feminismo y de liberación gay, cuya actuación ya ha sacudido las categorías filosóficas y políticas de los discursos de las ciencias sociales, esas categorías siguen siendo sin embargo utilizadas por la ciencia contemporánea sin mayor análisis. Funcionan como conceptos primitivos dentro de un conglomerado de disciplinas, teorías e ideas actuales que llamaré la mente hetero. Si bien en los últimos años se ha aceptado que no existe nada a lo que se pueda llamar 'naturaleza', que todo es cultura, sigue habiendo dentro de esa cultura un núcleo de naturaleza que resiste a todo examen, una relación excluida de lo social en el análisis, una relación cuya característica es ser ineludible en la cultura así como en la naturaleza y que es la relación heterosexual. A esto lo llamo relación social obligatoria entre ´hombre´ y ´mujer´".

La "mente hetero" desarrolla una interpretación totalizadora de la historia, de la realidad social, de la cultura, del lenguaje y de todos los fenómenos subjetivos al mismo tiempo. La consecuencia de esta tendencia a la universalidad, para esta autora, es que "la mente hetero no puede concebir una cultura, una sociedad donde la heterosexualidad no ordene no solo todas las relaciones humanas sino también la misma producción de conceptos e inclusive los procesos que escapan a la conciencia."

Wittig culmina diciendo:

"Los discursos de la heterosexualidad nos oprimen en el sentido que nos impiden hablar a menos que hablemos en sus términos. Todo lo que los cuestiona es inmediatamente descalificado como elemental. Esos discursos nos niegan toda la posibilidad de crear nuestras propias categorías. 'Hombre' y 'mujer' son conceptos políticos de oposición y la cópula que dialécticamente los une es, a la vez, la que los hace desaparecer. Para nosotras y para nosotros, esto significa que ya no puede haber mujeres y hombres, y que como clases y categorías de pensamiento o lenguajes tienen que desaparecer política, económica e ideológicamente. Si nosotras como lesbianas y ustedes como homosexuales seguimos hablándonos y pensándonos como mujeres y como hombres, estaremos preservando la heterosexualidad.

"Los conceptos hetero se van socavando: ¿qué es una mujer? Pánico, alarma general para una defensa activa. Francamente, es un problema que las lesbianas no tenemos porque hemos hecho un cambio de perspectiva y sería incorrecto decir que las lesbianas nos asociamos, hacemos el amor, o vivimos con mujeres, porque el término 'mujer' tiene sentido solo en los sistemas de pensamiento y económicos heterosexuales. Las lesbianas no somos mujeres (como no lo es tampoco ninguna mujer que no esté en relación de dependencia personal con un hombre)".

Por qué no soy mujer
Siguiendo a Wittig, yo no me considero una mujer. No puedo nombrarme mujer porque "mujer" es parte de los discursos y prácticas sobre nuestros cuerpos, identidad de género y sexualidad que nos limitan, nos oprimen y no son suficientes para describir la vasta y rica diversidad de la experiencia de las lesbianas.

Porque no podemos con "mujer" abarcar a todas las que podemos comprender dentro de "lesbianas", desde las lipstick (carmín o lápiz de labios) ultrafemeninas, a las stone butch (las más masculinas) pasando por las femme, las butch, marimachas o machonas, las andróginas, las que están en algún punto entre los extremos o se desplazan por muchas posibilidades, las que jamás se acostaron con un hombre, las que tuvieron o tienen alguna relación amorosa y/o sexual con un hombre (hetero, bi, gay) y/o con una persona transgénero o transexual (V/M, M/V, con o sin cirugía) travestis, drag queens, drag kings o con una persona intersex, las sadomasoquistas, las que prefieren el sexo vainilla, las que utilizan juguetes sexuales incluyendo dildos, las leather, las tortas, las gays, las homosexuales, las que tiene cromosomas XY (vM) con o sin reasignación, las que tienen roles fijos, las que tienen roles simétricos, las que están en pareja con mujeres bisexuales o heterosexuales, las que toman testosterona, las célibes.

Hay lesbianas que prefieren seguir identificándose como "mujeres que aman a mujeres", entendiendo por tales sólo a las que nacieron con cromosomas XX, con ciertos genitales y que están dentro de una cierta expresión de género, dejando fuera de lo que es ser lesbiana a mucha gente. Están en su derecho y lo respeto, pero no es mi opción, no es suficiente para mí.

No me considero una mujer, pero uno de los mayores prejuicios acerca de las lesbianas y el que sostiene la lesbofobia y está basado en el miedo a la confusión de género, es que queremos ser hombres. Puede ser que algunas lesbianas quieran serlo, de hecho muchas personas a las cuales se les ha asignado el género mujer al nacer, viven algún tiempo como lesbianas antes de convertirse en transexuales de mujer a varón, pero la mayoría de nosotras no queremos ser hombres.

Ahora bien, si no soy mujer, pero tampoco soy un hombre, ¿qué soy? Yo me considero una persona transgenérica de mujer a lesbiana y es por eso que estoy hablando hoy en este panel sobre transgeneridades.

En algunos casos, transexuales y transgénero saltan de un cajón a otro y refuerzan lo binario. Pero muchas personas transgénero tenemos otra cosa para decir y siguiendo a Kate Bornstein lo que muchas y muchos de nosotras y nosotros estamos diciendo es: "No soy un hombre, no soy una mujer, soy otra cosa bajo el sol". En este sentido somos, como dice Bornstein, "una ola de personas transgénero que llevamos la misma pancarta de ´la biología no es destino´ que han venido llevando las feministas desde hace años".

Fabiana Tron coordina "Desalambrando", un programa de prevención de violencia doméstica para lesbianas en Buenos Aires.

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