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El PM británico Tony Blair con su esposa Cherie en las Pirámides de Giza, Egipto. 27 dic. 2001. Aladin Abdel Naby

Las dos caras de Tony

por Juan Pérez Cabral

30 diciembre 2001. Tony Blair, que dijo que los derechos humanos habrían de ser el principio que guiaría la política exterior británica, disfrutó esta semana de unas vacaciones invernales en Egipto con su mujer y sus cuatro hijos.

Mientras que Blair y su prole correteaban por la Esfinge y las Pirámides de Giza, guiados con la debida zalamería por unos compinches del Presidente egipcio Hosni Mubarak, 23 hombres egipcios empezaban a cumplir sus condenas a trabajos forzados por ser, presuntamente, gays.

En un giro grotesco, las sentencias, que son inapelables, fueron impuestas el 14 de noviembre por un tribunal especial antiterrorismo establecido originalmente para reprimir a los extremistas islamistas, esos que desprecian, por melindroso, lo de castigar a los gays con trabajos forzados y prefieren lapidarlos, decapitarlos, arrojarlos por un precipicio o enterrarlos vivos.

Además, Blair rodó su anuncio turístico gratis en Egipto en momentos en que parte de la prensa “occidental” empieza a darse cuenta de que el autoritario régimen de Mubarak no es un baluarte contra al extremismo islamista, sino, junto al también corrupto régimen saudí, una de sus causas principales.

La erosión pública de su reputación de “baluarte” tiene a Mubarak agitadísimo, pues de ella depende que siga recibiendo la fabulosa ayuda económica y militar de EE.UU. sin la cual no podría mantenerse en el poder.

No en balde recibió con bombo y platillo al pérfido Tony.

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