Cuba 2005: final de juego
Hay que mirar hacia el futuro.
Por Toby Eglund


Secciones relacionadas
Gay Mundo
Americas

Artículos relacionados
Cuba lucha contra el SIDA
Homofobia = violencia política
Los Estados Unidos y Cuba: Una visión para el siglo 21
Radio en español: ¿escuela de intolerancia?
El fantasma de Macbeth
Bahía de Cochinos, 40 aniversario

14 NOV. 2005. Nadie sabe qué hacer con Cuba. La Unión Europea trató durante años de engatusar a Fidel Castro para que respetase los derechos humanos. En vano. En 2003, a raíz del encarcelamiento de 77 bibliotecarios, disidentes y periodistas independientes y la ejecución sumaria de tres hombres que habían secuestrado un ferry para abandonar la isla, los europeos impusieron sanciones diplomáticas leves. Éstas no lograron otra concesión del gobierno cubano que la libertad condicional de unos cuantos presos gravemente enfermos y el traslado de otros tantos a cárceles más cercanas a sus familias. En enero de 2005, la UE levantó las sanciones y reinició el diálogo de sordos.

La restauración del status quo provocó protestas de algunos miembros de la UE, entre ellos los Países Bajos, la República Checa, Polonia y Eslovaquia. Los países de la Europa del este, sobre todo, conocedores de las dictaduras comunistas, prefieren una línea más dura. Durante la ola de represión de 2003 en Cuba, disidentes de la época de la guerra fría, como los ex presidentes Vaclav Havel (República Checa), Arpad Göncz (Hungría), y Lech Walesa (Polonia) firmaron una muy difundida carta abierta en la que pedían un mayor apoyo europeo a los disidentes y los activistas pro-democracia en Cuba. Sin embargo, no abogaron por que la UE se sumase al embargo económico estadounidense, que en 46 años de existencia poco ha logrado en materia de democracia, libertad o derechos humanos en Cuba.

Human Rights Watch y otras agrupaciones sostienen que el embargo y demás sanciones políticas y económicas impuestas por los Estados Unidos sólo han empeorado las cosas en la isla. HRC declaró hace poco que las más recientes restricciones estadounidenses a los viajes de los cubano-americanos a la isla dividen a las familias tanto como las medidas del propio régimen cubano. También denunció al gobierno de La Habana por obligar a los cubanos a pedir un permiso oficial de salida del país cuando desean viajar al extranjero, incluso en casos de reunificación familiar, y por impedirle a muchos cubanos regresar a su país.

Hasta las tímidas y efímeras sanciones diplomáticas de la UE, limitadas a gestos simbólicos como el de invitar a opositores en vez de a funcionarios del gobierno cubano a los cocteles de las embajadas, han dado malos resultados. Fidel Castro se aprovechó de ellas para rechazar asistencia económica europea por valor de varios millones de euros, fustigando a la UE por ser "un grupo de antiguas potencias coloniales responsabilizadas del tráfico de esclavos, el saqueo e incluso el exterminio de pueblos enteros".

Si el diálogo no funciona y las sanciones tampoco, ¿entonces qué? Los Estados Unidos se han negado firmemente a reconsiderar la cuestión. Europa, por su parte, parece no querer siquiera planteársela.

Elvis entra a escena
Como indica el rechazo reciente del proyecto de constitución europea, la UE está dividida internamente respecto de si debe tener una política exterior común, o limitarse sencillamente a las cuestiones económicas. Cuba es un tema especialmente delicado porque muchos de los estados miembros tienen inversiones importantes allí, en primer lugar, España. La UE es el principal socio comercial de Cuba y el principal inversionista en la isla.

Cuba es, además, favorita sentimental. Durante largo tiempo, la Cuba producto de la revolución fue aplaudida por gran parte de la intelectualidad europea por su atención médica universal, programas de alfabetización, lucha contra la pobreza y el racismo y oposición al neocolonialismo estadounidense. Los "excesos" del régimen castrista se le atribuyeron al vengativo y voraz Tío Sam, que merodeaba allá por el Norte, o se justificaron como males necesarios de la revolución. Mediante una gimnasia mental avanzada se llegó incluso a probar que el encerrar a maricones en campos de concentración o a tortilleras en hospitales siquiátricos servía, no se sabe cómo, para poner en manos del campesino cubano un libro o un plato de arroz con frijoles.

Al cabo de 46 años, el regimen castrista ha perdido mucho de su relumbre. Sin embargo, el Comandante todavía puede hacer su entrada triunfal en alguna que otra conferencia internacional, cual vetusta estrella del rock, acaparando ávidamente la atención de la prensa y eclipsando a presidentes electos por cuatro o cinco ínfimos años. Es difícil criticar a la prensa por darle tan amplia plataforma pública. El Elvis cubano, socarrón y anti-estadounidense, conserva su gran carisma y tiene una facilidad de palabra que cualquier poeta Beat habría admirado.

Dentro de Cuba, el poder de Fidel Castro tampoco parece estar disminuyendo. Cuando se le viene en ganas, puede todavía hacer que cientos de miles de sus compatriotas manifiesten en las calles. Así hizo en 2003 para protestar contra el discreto halón de orejas de la UE. De un plumazo, puede además aceptar o rechazar millones en asistencia económica. Esto significa, esencialmente, que, al cabo de 46 años, ya no es posible culpar al ancien régime por los problemas actuales de Cuba. La Cuba de hoy, lo bueno tanto como lo malo, incluido el que esté empantanada en la pobreza, es responsabilidad de su mandatario absoluto.

Promesas rotas
Quizás peor que su afición a la opresión social y política es el que Castro parece haber llegado a la conclusión de que no sólo es mala la desigualdad económica, sino que tener dinero es, intrínsicamente, algo malo.

Desde la represión de 2003, su régimen ha retirado el permiso a muchos trabajadores por cuenta propia, incluidos los magos de fiestas de cumpleaños infantiles, aparentemente considerados como contrarrevolucionarios. El resultado es que el país se ha sumido en una pobreza aún mayor, que las remesas de dólares de los cubano-americanos apenas bastan para refrenar.

Paradójicamente, una de las principales promesas de los revolucionarios de 1959 fue la de acabar con la pobreza y diversificar una economía entonces dependiente del azúcar, un turismo degradante y el todopoderoso mercado estadounidense.

Fue más difícil de lo que se imaginaron. Con su arrogancia e inexperiencia (Ché, un médico, estuvo brevemente a cargo de la reforma de la economía), a menudo empeoraron las cosas al destruir industrias existentes sin tener planes viables para reemplazarlas. También tuvieron que enfrentar los recursos físicos limitados de la isla y, muy pronto, el embargo estadounidense.

Sin embargo, pese a 46 años de experiencia, un nuevo acceso al mercado europeo y a mercados latinoamericanos actualmente en expansión, si bien no al mercado estadounidense, las tres fuentes principales de ingresos de divisas de Cuba siguen siendo el turismo, los Estados Unidos (remesas de dólares de los exiliados) y el azúcar. Económicamente, la isla está aprisionada en los años 1950. En la actualidad, la población cubana es una de las más pobres de la región. En 2003, el ingreso anual promedio por habitante fue de $2808, mucho menos de la mitad del de la vecina República Dominicana ($6823), aunque este último país, según cálculos de las Naciones Unidas, está a la zaga de Cuba en materia de alfabetización y esperanza de vida.

La nueva economía
Dado el nivel relativamente alto de la salud y la educación en Cuba, el país tiene la capacidad de ser uno de los más ricos de la región. En una economía mundial en la que imperan la innovación médica y científica y las tecnologías informáticas, el principal recurso de un país ya no es un territorio extenso capaz de sostener una producción agrícola enorme, ni los grandes depósitos de minerales que el Ché envidiaba cuando fantaseaba con reemplazar los centrales azucareros con acerías. La clave, en 2005, es una población sana e instruida. Los países pequeños pueden competir hoy con los grandes. Cuba podría ser otra Singapur, o Taiwán o Finlandia.

Los programas de biotecnología son uno de los logros aparentes del régimen. La investigación de avanzada que realizan ya se ha traducido en valiosas patentes farmacéuticas. Cuba produce también gran cantidad de médicos e ingenieros, dos profesiones basadas, en gran medida, en la ciencia y no en la ideología. Fuera de eso, el sistema educacional del que Cuba tanto se vanagloria es presa de los monstruos de la ideología. A los estudiantes de historia, ciencias políticas o hasta sicología se les niega habitualmente acceso a la evolución actual de sus disciplinas en el resto del mundo. Cuando por fin ganan la confianza oficial y obtienen tal acceso, los grilletes ideológicos prácticamente garantizan que van a funcionar, intelectualmente, en un mundo de fantasía.

Cuba también está atada de pies y manos en las lucrativas esferas de la ciencia y de la tecnología informáticas porque el régimen de Fidel Castro ha impuesto su propio embargo de la Internet y de su riqueza informativa mundial. Aún si los estudiantes tuviesen acceso a todo esto, ¿para qué perder el tiempo estudiando una especialidad que se les pagará en pesos cubanos, que no valen nada? Mejor trabajar de limpiabotas en algún hotel turístico para ganar divisas. En Cuba ha de haber hoy muchas lumbreras manejando taxis.

Y ahora, ¿qué?
¿Qué hacer, pues, con Fidel Castro, cuyo régimen descarta a los cubanos que lo critican tildándolos de espías estadounidenses o traidores y que considera despreciable al dinero? Hay que dejar de concentrarse en él y, en vez, prepararse para el futuro.

Hay quizás sólo tres modelos post-Castro. El menos probable es el mantenimiento del status quo por una nueva generación castrista que continuaría todo tipo de restricciones económicas, políticas y sociales. Es difícil imaginar un sucesor capaz de tal hazaña. La estatura mitológica de Fidel Castro es en gran medida lo que parece mantener hipnotizados a los cubanos ante la represión y la pobreza. La población no las va a tolerar de manos de un dictadorcillo de segunda clase. Además, el sucesor en cuestión tendría también que tener el carisma y la fuerza necesarias para conservar las actuales alianzas internacionales del régimen y aunar al pueblo cubano para enfrentar los desafíos inevitables de los exiliados cubanos y los intereses estadounidenses.

No hay nadie de ese calibre en el horizonte. A no ser que los EE.UU., con su talento para echarle leña al fuego en Cuba, lo fabrique sin darse cuenta, a base de amenazas y ataques. Altos funcionarios del gobierno de Bush han jurado y perjurado que no van a "aceptar" una entrega del poder a Raúl Castro, actual Ministro de Defensa y hermano menor de Fidel Castro.

Caleb McCarry, fue nombrado en julio "coordinador de la transición" en Cuba dentro del denominado Buró para la Reconstrucción y la Estabilización del Departamento de Estado, que prepara proyecciones estratégicas para países que están maduros para la intervención.

McCarry sigue mostrándose ambiguo respecto de si el inaceptable Raúl provocaría una intervención militar estadounidense o sólo una continuación del embargo. Sin embargo, su proyecto dentro del Departamento de Estado tiene un componente militar, por si acaso.

¿Una nueva España?
El segundo modelo, el más esperanzador, es el de España, donde el dictador Francisco Franco supervisó personalmente la transición a la democracia. España tiene hoy una de las sociedades más vitales y una de las economías más dinámicas de Europa. No es probable que Fidel Castro vea la luz de la razón a estas alturas. Pero sus sucesores quizás sí.

Tendrían que contar con un apoyo internacional sólido que los protegiese de quienes se aprestasen a apoderarse del país en nombre de las elecciones o de la economía de mercado. Sin embargo, el fantasma de Irak y los horrores que han acompañado el ensayo estadounidense de construcción nacional allí y en Afganistán quizás bastasen para unificar a la UE, incluidos los miembros del antiguo bloque del este. Latinoamérica, comprometida ahora a fondo con la democracia, apoyaría también esta alternativa.

Un componente esencial de este segundo modelo tendría que ser la reconciliación de los cubanos de la isla con los del exterior. En parte, porque una democracia auténtica tiene que empezar con un historial ético limpio y también porque los cubano-americanos van a oponerse a cualquier régimen que los excluya, independientemente de lo que prometa. Si se les incluye, quizás se les pueda convencer de que pongan su energía y conocimientos considerables al servicio de construir un país verdaderamente independiente y democrático. Un país que ojalá cuente con una economía sostenible y viable, pues, de no ser así, sería presa de una segunda neocolonización estadounidense que, aunque seguramente más enmascarada que la anterior, acabaría por poner en marcha, otra vez, el viejo círculo vicioso de intervención y rebelión.

Un primer y valiosísimo esfuerzo es "Cuba, la reconciliación nacional", un informe de 118 páginas dado a conocer en 2003 por el Grupo de Trabajo Memoria, Verdad y Justicia patrocinado por la Universidad Internacional de la Florida y financiado por la Fundación Ford y el Open Society Institute, de George Soros. Los 26 miembros del Grupo Trabajo (16 cubanos de la diáspora y 10 personas de otros países) colaboraron durante dos años para producir ese informe innovador, coordinados por la socióloga cubano-americana Marifeli Pérez-Stable.

Situación desesperada
Esto nos trae, lamentablemente, a nuestro tercer modelo, el de Rusia y casi toda Europa oriental. Allí, al desplomarse la Unión Soviética, los ex comunistas se convirtieron en un santiamén a la economía de mercado, lo privatizaron todo y permitieron que se desatase la corrupción más desenfrenada. En el caso de Cuba, los privatizadores podrían ser ex comunistas, exiliados cubanos deseosos de obtener una reparación por su dolor y sus sufrimientos, empresas estadounidenses que codician todo nuevo mercado o cualquier alianza entre los antes mencionados. Los buitres son muchos y voraces.

Si esto ocurre, el sistema educacional cubano, ya imperfecto, no va a sobrevivir el tiempo necesario para impulsar una nueva economía basada en la tecnología. Según el Financial Times, de Londres, la proyección estratégica de los Estados Unidos para la era post-Castro incluye el mantener abiertas las escuelas y el suministrarles "materiales docentes", pero es de suponer que Washington tiene en mente manuales de aritmética y lectura y no de biología molecular. Un regreso al peor de los pasados sería entonces más que probable. Una vez más, la isla volvería a convertirse en poco más que una gran plantación y un parque de diversiones para los Estados Unidos y cualquier otro país que lograse introducirse allí a tiempo.

Una planificación y un consenso internacionales son la única manera de evitar este triste desenlace y de evitar que en Cuba se produzca una reacción derechista destructiva como la que se ha producido en Rusia y Polonia a raíz del desplome del estado comunista.

Los responsables políticos europeos y latinoamericanos deben cesar de utilizar a Cuba de patio de recreo, gallina de los huevos de oro o símbolo para lanzarle trompetillas a Washington. Es preciso que lleguen a un acuerdo mínimo sobre la transición, en colaboración con cubanos de adentro y de afuera de la isla, incluidos aquellos tecnócratas y militares cubanos de ideas independientes a quienes se pueda incluir discretamente en este proceso de reflexión. Después, tendrán que ver con qué incentivos y presiones logran venderle este plan a los Estados Unidos, que tradicionalmente han mirado a Cuba con ojos de amo y que, en la actualidad, se tambalean precariamente al borde del abismo de su propio poder corruptor.


Enlaces

Amnistía Internacional: Cuba
Human Rights Watch: Políticas de Estados Unidos y Cuba obligan a separación familiar forzada
Havel, Göncz, Walesa: Fidel y la Revolución Cubana se están quedando sin aire
Departamento de Estado EE.UU.: Nombramiento del Coordinador de la Transición en Cuba, Caleb McCarry
PNUD: Informe Sobre Desarrollo Humano 2005
UNDP Cuba Statistics (inglés)
Cuba, la reconciliación nacional
USAID/Universidad de Miami: Proyecto sobre la transición en Cuba


Nosotros | Correo | Portada
The Gully, 2000-06. Todos los derechos reservados.